Por una política cultural de calidad II

Artículo en la revista Vía Marciala del mes de mayo.

 

Una vez analizados los problemas en el pasado número de Vía Marciala sobre los déficits y mala praxis en materia de Cultura en Utrera, a partir de ahora intentaremos aportar soluciones, propuestas y ejemplos de ejecución puestos en marcha en otras poblaciones, y fácilmente adaptables a nuestro municipio.

Dentro de la gestión cultural pública hay varios campos de actuación independientemente de la disciplina artística que queramos potenciar. Así, se puede incidir en la producción, conservación, educación o difusión. En esta tribuna nos centraremos en la difusión, y por motivos de agenda en la difusión de las artes plásticas.

La celebración del mercado de fotografía Photomercado es el motivo de agenda al que nos referimos. Este acto, se celebró a mediados del mes de abril y en él se dieron lugar dos decenas de fotógrafos nacionales de primer nivel. En su acto inaugural se celebró una conferencia a cargo del responsable principal de la Colección de Alcobendas que en apenas veinte años se ha convertido en una de las mejores colecciones de fotografías de España. Así, el conferenciante, no sé si con segundas intenciones o sin ellas, dejó claro que dicha colección nunca podría haberse formado si no llega a ser por la “voluntad política” de la concejala de Cultura de su Ayuntamiento allá por el año 1993. Gracias a ella, se decidió por apostar por la fotografía sobre otras disciplinas artísticas. Y su buen hacer, hizo que el proyecto se conservara y alcanzara tal calidad que ni con el cambio de gobierno municipal se tambalease su continuidad. Por lo tanto, si algo sacamos los asistentes, es que a pesar de la crisis de confianza que vive la ciudadanía hacia la clase política, si un político tiene brío y se confía en su buen hacer, se pueden hacer cosas muy interesantes y beneficiosas para el bien general.

Imaginémonos por un segundo que el Ayuntamiento de Utrera decide iniciar una colección de arte contemporáneo centrada en una única disciplina, lo que en otro vocabulario es una oportunidad para la sociedad. ¿Cuál es el proceso a seguir? En un primer lugar habrá que elegir por qué disciplina queremos apostar y para ello habrá que hacer un estudio de coste/oportunidad. Se decide que hay que elegir entre pintura, escultura y fotografía. En Utrera el grupo más numerosos de estas tres disciplinas, es con diferencia, la última. No solo porque hay fotógrafos de calidad que ya están organizados y realizan actividades de forma voluntaria, sino porque además contamos en nuestras filas con un gran experto en arte fotográfico. Por otra parte, apostar por la fotografía entre las tres disciplinas anteriores, nos permitiría tener una mayor colección de calidad por un menor precio.

En segundo lugar hay que formular la política y establecer objetivos. O lo que es lo mismo, estudiar opciones, alternativas y propuestas, tomar contacto con los expertos tanto de Utrera como de fuera, visitar otras colecciones, medir nuestras posibilidades y tras un periodo de reflexión y estudio hacer un diseño final. Aquí la responsabilidad se diluye entre las autoridades públicas y la sociedad civil, las diferencias deben dejarse de lado y la comunicación debe ser lo más fluida posible. En este paso es cuando la futura colección tomaría cuerpo y se decidiría cuáles son nuestras líneas rojas. No solo hay que tener en cuenta el plano artístico, sino además otras variables que pueden reportar un gran beneficio al pueblo de Utrera. Por ejemplo, el turismo y la minidiplomacia cultural. Con una colección que se fuese desarrollando año tras año, se podrían realizar exposiciones temporales temáticas, mejorándose así la oferta turística. Esto se retroalimenta con las relaciones públicas, ya que dichas exposiciones también serían demandadas por otros municipios, galerías y centros de arte. Siendo fundamental la colaboración cultural con otras administraciones. De esta manera, la llegada a Utrera de otro tipo de exposiciones de la disciplina artística que sea resultaría mucho más fácil.

Durante la puesta en marcha o ejecución de la decisión que se haya tomado es cuando se movilizan los recursos económicos y humanos. Es posiblemente el paso más complejo, algunas iniciativas serán rechazadas en beneficio de otras y no todo el mundo saldrá ganando. Por último, en la fase de evaluación es cuando hay que comprobar si los medios puestos a disposición de la colección han cumplido con sus objetivos. Si no ha sido así es posible que haya que volver a empezar de nuevo y aprender de los errores cometidos por el camino.

Para concluir, el ejemplo que he puesto es solo una de las muchas posibilidades que tiene el Ayuntamiento de Utrera para dar variedad y calidad a la vida cultural. Vida cultural, que tan decaída está desde hace varios años, con un teatro semivacío, cines y salas de conciertos que cierran y museos que no llegan. Podríamos haber hablado de la hipotética celebración de un festival de Teatro Andaluz, de un festival de Jazz o de una semana del circo. Dicho todo esto, parece claro que con “voluntad política” y la colaboración tanto de expertos y de la sociedad civil, podríamos tener una cita cultural en Utrera de primer nivel nacional.

Despolitización y profesionalización de las administraciones pública + carta de respuesta

Esta fue la colaboración de enero en la revista Vía Marciala, como podréis observar es uno de mis temas preferidos.  Abajo inserto una carta de respuesta de Antonio Garcia Herrera, la persona a la que me refiero en el primer párrafo y que me ha hecho ilusión. No sé quién es y aunque sé que posiblemente no vaya a entrar en este blog, le mando un afectuoso saludo.

Inicio mi tercera colaboración en estas páginas no sin antes felicitar profundamente a Antonio García Herrera por la descripción y las conclusiones que de ella extrae sobre nuestro pueblo.  Las perspectivas para mí desconocidas, como son la antropología, la geografía o el urbanismo, empleadas en su serie Utrera Íntima para trazar los principales rasgos identitarios de este microcosmos incitan profundamente a la reflexión. Pienso que sus textos pueden servir como base para el inicio de una tertulia o foro en el que seguir reconociendo nuestra razón de ser, nuestra posición en esta tierra y dilucidar hacia dónde quiere ir este pueblo ya que hace años que carecemos de proyecto integral.

Tras haber propuesto una reforma en el sueldo de la clase política en noviembre y otra reforma de la competición de los partidos políticos en diciembre, ahora propondremos una reforma de las relaciones de los políticos con las distintas administraciones públicas. Recuerdo que esta serie de artículos tan solo busca propiciar un salto en la calidad de nuestros representantes públicos, las demás reformas mucho más necesarias para el mejor funcionamiento de España son dejadas de lado.

Una de las enfermedades más preocupantes de nuestras instituciones es su desmesurada politización, batallones de cargos públicos deben su puesto a sus relaciones políticas y personales. Estos cargos públicos elegidos a dedo arramblan en las administraciones locales, provinciales, autonómicas y estatales, desde el Tribunal Constitucional hasta la planta noble de un modesto ayuntamiento, pasando por las cajas de ahorro y por cualquier organismo público o semipúblico. El clientelismo corre como la pólvora en los países del arco mediterráneo –incluida Francia- pero también en una democracia alpina como es Austria.

La política y la burocracia, como ya afirmara Max Weber a principios del siglo pasado, deben estar separadas radicalmente. Para Weber, el político es una persona de partido que encarna el liderazgo personal, y que defiende en la medida de su creatividad una causa grupal y partidista. Por el contrario, el burócrata tiene la única responsabilidad de ejecutar las órdenes que recibe de forma satisfactoria, subordinado por las vicisitudes políticas como razón de ser de su oficio. De esta forma, la posición de neutralidad del burócrata le permite cumplir con sus tareas con eficacia, ya que está despojado de favores y deudas personales.

La politización de las administraciones genera varias perversidades. En primer lugar, un primer problema no es solo que las personas nombradas sean menos capaces –que posiblemente lo sean- que los funcionarios de carrera, sino que la designación por un periodo electoral (algún día las urnas te van a echar) no genera los incentivos para esforzarse en obtener los conocimientos necesarios para el desempeño del trabajo que se le ha consignado. Y los funcionarios que están más abajo en la jerarquía, carecen de incentivos para dar lo mejor de sí mismos y avanzar en la organización. Este sistema desalienta a toda la tropa, los distintos cuadros de la jerarquía se desconfían y florecen las relaciones personales y políticas perversas entre los tripulantes de la nave.

Otra de las perversidades son las que se producen dentro de los partidos políticos. Cuando un político medio que acaba de ganar una alcaldía, o alguien con suerte (o con contactos) que le han llamado para presidir un organismo público, lo primero que tiene que hacer es empezar a rellenar puestos de libre designación. Y estará en la decisión de colocar a lo más capaces (que le harán sombra); o elegir entre todos aquellos que le auparon a secretario general, aquellos que han estado orbitando a su alrededor durante años para intentar atraer su atención y que posiblemente el sustento económico de muchos de ellos dependa de unos de esos puestos que el político tiene que rellenar. La opción más común en España es indudablemente la segunda.

Las conclusiones son que hay que despolitizar y profesionalizar intensamente las administraciones. Los burócratas deben llegar más alto en la jerarquía, pero también hay que controlar más exhaustivamente su trabajo y cambiar radicalmente el método de selección de éstos. Hay que atribuir más poderes a los funcionarios de carrera pero al mismo tiempo pedirles rendición de cuentas continuamente y flexibilizar su estatuto como empleado público.

La propuesta para la semana que viene, la más demandada  y a mi parecer la más insustancial a efectos prácticos, tendrá relación con el sistema electoral.

Carta

Regeneración de los partidos políticos

En la revista Vía Marciala del mes de diciembre me han publicado la segunda colaboración de una serie de cuatro. En esta ocasión defiendo la necesaria regeneración de los partidos políticos, apostando por la democracia y la competitividad. Sin más, os transcribo el artículo.

 

El pasado mes abría el primero de cuatro artículos en los que se proponen cuatro reformas para elevar la calidad de nuestros dirigentes. Empezamos defendiendo el aumento y la racionalización del sueldo de nuestros políticos, en esta ocasión propondremos que se regule la democracia y la competitividad de los partidos políticos.

Como escribí el mes pasado, no hay soluciones mágicas que subsane la enfermedad que recorre todos nuestros órganos políticos pero con un poco de análisis y de brío a la hora de tomar las decisiones todo puede ser manifiestamente mejorable.

Mientras otros países de nuestro entorno van avanzando en la democracia de los partidos políticos, en España no somos capaces de superar el dedazo o el quítate tú que me pongo yo. Los partidos políticos son las instituciones primarias de cualquier sistema democrático competitivo, y como tal, deben ser los primeros en dar ejemplo y ser la vanguardia de la democracia. La mala praxis de estas instituciones se ha trasladado a muchos más órganos democráticos (CGPJ, Banco de España, Tribunal de Cuentas, algunos altos cuerpos de la Administración, etc). Sin embargo, tenemos instituciones cerradas y opacas donde la selección negativa de los dirigentes es la norma, se desprecia el talento y se premia a los perros falderos. Además, especialmente en España tenemos un problema grave de cuadros jóvenes (en algunos partidos más que en otros) por lo que la regeneración es más difícil si cabe.

La experiencia que se recoge en las democracias punteras es que es muy necesaria una legislación rígida que regule el funcionamiento interno de los partidos y acercar su democracia a la ciudadanía para que el centro de gravedad de nuestro Estado deje de ser las cúpulas de los principales partidos. Como modelos a seguir podemos nombrar el de Estados Unidos, donde las primarias de los partidos están abiertas a todos los ciudadanos, con lo que el valor de un carné es muy relativo. Mencionamos también a Gran Bretaña donde la celebración de una conferencia al menos una vez al año es obligatoria. Y sobre todo Alemania cuya ley de partidos obliga a que los partidos políticos celebre congresos cada dos años, la financiación de los partidos es muy minuciosa y es controlada mediante auditorías externas, los candidatos y los cargos internos tienen que ser elegidos por elecciones primarias abiertas a todos los afiliados, el voto es secreto y es a personas y no a listas cerradas. Todo esto provoca que las tesis impuestas por las cúpulas no triunfen si no cuenta con el apoyo del resto de la organización pudiendo triunfar una propuesta crítica o alternativa. Y lo que no es menos importante, los políticos y dirigentes tienen que rendir cuentas ante su organización y reprobar su cargo cada cierto tiempo.

Lo bueno de estos sistemas más abiertos es que los miembros de los partidos que se postulan para cualquier puesto tienen que rendir más hacia todos los miembros y no hacia la persona que confecciona la lista, tienen que diseñar un discurso y conectar con la gente. Y sobre todo, tienen que creer más en la democracia.