Despolitización y profesionalización de las administraciones pública + carta de respuesta

Esta fue la colaboración de enero en la revista Vía Marciala, como podréis observar es uno de mis temas preferidos.  Abajo inserto una carta de respuesta de Antonio Garcia Herrera, la persona a la que me refiero en el primer párrafo y que me ha hecho ilusión. No sé quién es y aunque sé que posiblemente no vaya a entrar en este blog, le mando un afectuoso saludo.

Inicio mi tercera colaboración en estas páginas no sin antes felicitar profundamente a Antonio García Herrera por la descripción y las conclusiones que de ella extrae sobre nuestro pueblo.  Las perspectivas para mí desconocidas, como son la antropología, la geografía o el urbanismo, empleadas en su serie Utrera Íntima para trazar los principales rasgos identitarios de este microcosmos incitan profundamente a la reflexión. Pienso que sus textos pueden servir como base para el inicio de una tertulia o foro en el que seguir reconociendo nuestra razón de ser, nuestra posición en esta tierra y dilucidar hacia dónde quiere ir este pueblo ya que hace años que carecemos de proyecto integral.

Tras haber propuesto una reforma en el sueldo de la clase política en noviembre y otra reforma de la competición de los partidos políticos en diciembre, ahora propondremos una reforma de las relaciones de los políticos con las distintas administraciones públicas. Recuerdo que esta serie de artículos tan solo busca propiciar un salto en la calidad de nuestros representantes públicos, las demás reformas mucho más necesarias para el mejor funcionamiento de España son dejadas de lado.

Una de las enfermedades más preocupantes de nuestras instituciones es su desmesurada politización, batallones de cargos públicos deben su puesto a sus relaciones políticas y personales. Estos cargos públicos elegidos a dedo arramblan en las administraciones locales, provinciales, autonómicas y estatales, desde el Tribunal Constitucional hasta la planta noble de un modesto ayuntamiento, pasando por las cajas de ahorro y por cualquier organismo público o semipúblico. El clientelismo corre como la pólvora en los países del arco mediterráneo –incluida Francia- pero también en una democracia alpina como es Austria.

La política y la burocracia, como ya afirmara Max Weber a principios del siglo pasado, deben estar separadas radicalmente. Para Weber, el político es una persona de partido que encarna el liderazgo personal, y que defiende en la medida de su creatividad una causa grupal y partidista. Por el contrario, el burócrata tiene la única responsabilidad de ejecutar las órdenes que recibe de forma satisfactoria, subordinado por las vicisitudes políticas como razón de ser de su oficio. De esta forma, la posición de neutralidad del burócrata le permite cumplir con sus tareas con eficacia, ya que está despojado de favores y deudas personales.

La politización de las administraciones genera varias perversidades. En primer lugar, un primer problema no es solo que las personas nombradas sean menos capaces –que posiblemente lo sean- que los funcionarios de carrera, sino que la designación por un periodo electoral (algún día las urnas te van a echar) no genera los incentivos para esforzarse en obtener los conocimientos necesarios para el desempeño del trabajo que se le ha consignado. Y los funcionarios que están más abajo en la jerarquía, carecen de incentivos para dar lo mejor de sí mismos y avanzar en la organización. Este sistema desalienta a toda la tropa, los distintos cuadros de la jerarquía se desconfían y florecen las relaciones personales y políticas perversas entre los tripulantes de la nave.

Otra de las perversidades son las que se producen dentro de los partidos políticos. Cuando un político medio que acaba de ganar una alcaldía, o alguien con suerte (o con contactos) que le han llamado para presidir un organismo público, lo primero que tiene que hacer es empezar a rellenar puestos de libre designación. Y estará en la decisión de colocar a lo más capaces (que le harán sombra); o elegir entre todos aquellos que le auparon a secretario general, aquellos que han estado orbitando a su alrededor durante años para intentar atraer su atención y que posiblemente el sustento económico de muchos de ellos dependa de unos de esos puestos que el político tiene que rellenar. La opción más común en España es indudablemente la segunda.

Las conclusiones son que hay que despolitizar y profesionalizar intensamente las administraciones. Los burócratas deben llegar más alto en la jerarquía, pero también hay que controlar más exhaustivamente su trabajo y cambiar radicalmente el método de selección de éstos. Hay que atribuir más poderes a los funcionarios de carrera pero al mismo tiempo pedirles rendición de cuentas continuamente y flexibilizar su estatuto como empleado público.

La propuesta para la semana que viene, la más demandada  y a mi parecer la más insustancial a efectos prácticos, tendrá relación con el sistema electoral.

Carta

POR UNA POLÍTICA CULTURAL DE CALIDAD

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Debería empezar advirtiendo sobre la importancia que la Cultura juega en cualquier tipo de sociedad en general y para el desarrollo de las personas en particular. Máxime cuando estamos encuadrados en la Era de la Postmodernidad, una Era caracterizada por la importancia del desarrollo individual en la que los medios de comunicación masivos arrasan con las emisoras locales y en la que el entretenimiento es puramente consumista, como reflejo del modelo económico imperante. Sin embargo, creo que no es necesario extenderme en este punto, los lectores serán conscientes de la trascendencia que la Cultura juega en el desarrollo de un colectivo de personas.

Las Administraciones Públicas en todos sus escalones tienen el mandato constitucional de tutelar  y promover el acceso a la Cultura. Mientras las administraciones superiores se encargan de la parte cultural más tradicionalista y contemplativa, los ayuntamientos deben cumplir un mandato de carácter esencial en este sentido, que es el de acercar la Cultura a sus habitantes con el fin de embellecer la vida municipal. En esta función que además debe ser repetitiva para que se creen ciertos hábitos, las asociaciones, los barrios y toda la sociedad civil del municipio juegan un papel fundamental en el que el Ayuntamiento debe actuar como coordinador y siempre que sea posible actuar como estimulador.

En tiempos de austeridad, lo que siempre se recorta en primer lugar es este tipo de partidas y este comportamiento afecta a todos los poderes públicos. Como ejemplo manifiesto podemos recordar que el actual Presidente del Gobierno ha sido el que más ha tardado en visitar el Prado de forma oficial desde que tomó posesión del cargo.

¿Cuál es la situación de la Política Cultural en Utrera? La palabra que pienso más se acerca a su estado es lamentable. Subir un puerto de montaña en bicicleta cuando el viento sopla en contra y está lloviendo a mares es una jodienda, pero si lo que debemos es alcanzar el objetivo no usaremos el plato grande, nuestra bicicleta será la mejor de las posibles e intentaremos estar acompañado por un gregario dispuesto a sacrificarse por ti. Las autoridades en Utrera en materia de Cultura no aciertan ni con los piñones ni con el plato, el gregario está lejos de su mejor momento y la bicicleta elegida se cae a pedazos.

Alejándome del lenguaje metafórico recordaré la nota de prensa aparecida a finales del año pasado en la que se enumeraba una serie de actos culturales a lo largo de 2012 de escasa calidad, todos ellos muy comodones con la única finalidad de salir del paso, es decir, no tenemos nada. El escarnio ha seguido incrementándose. ¿A razón de qué en Utrera se va a celebrar un concurso de novela de terror? Que yo sepa en Utrera no nos une en nada con ese tipo de literatura. El caso del Teatro Enrique de la Cuadra es grotesco, tenemos una de las mejores salas de teatro de la provincia y de Andalucía y desde hace meses que no viene una obra de teatro propiamente dicha, parece que a partir de ahora el acto principal del mes va a ser la proyección de una película. Esperemos que a lo largo de este programa al menos pasen Eva al Desnudo o cualquiera de las magníficas películas que tienen relación con el mundo del teatro. Vaya consuelo. La falta de programación del teatro es más burlesca cuando te enteras que debido a la crisis la mayoría de los artistas, compañías de teatro y grupos de música “van a taquilla”. Es decir, lejos de la época de gloria en que los cachés se inflaron a costa de los cuantiosos presupuestos municipales se conforman con el dinero que saquen de la taquilla. Y dentro de este grupo no hablamos de artistas de segundo o tercer orden, en él se incluyen artistas de primer nivel que ya han venido a Utrera mediante este método y han llenado el Teatro. Además, el dinero de la taquilla del Teatro no se reinvierte en su programación, sino que va a la “hucha grande” del Ayuntamiento. Por lo tanto la excusa de que el Teatro de Utrera siempre está vacío no es válida porque es lo mismo que esté lleno. Así que no hay justificación ninguna para tener una actitud más proactiva en este sentido, no vale con esperar a que el artista de turno llame buscando un “bolo”. Hay que tener una lista de posibles candidatos a venir a actuar a Utrera, coger el teléfono y llamar todas las veces que haga falta hasta rellenar una programación en condiciones.

Por otra parte, cualquier iniciativa proveniente de la sociedad civil es torpedeada o ninguneada. Con un poco de ayuda organizativa y con muy poco coste se pueden conseguir muchas cosas con los distintos colectivos artísticos de calidad que hay en Utrera (músicos, promotores de conciertos, fotógrafos, pintores, gestores culturales, animadores, etc.). Podemos recordar la Asociación Plátano Sónico que llegó a tener una de las mejores programaciones de música de toda Andalucía con un presupuesto ridículo y un precio simbólico de entradas. A su sala llegaron a tocar grupos extranjeros y el público se nutría en gran medida de fuera de nuestro pueblo. Cada fin de semana ofrecían un concierto de calidad, pero tras años creando un hábito y haciéndose un nombre se les dejó de prestar la sala para construir oficinas municipales sin darle una alternativa a cambio. En cuanto a los fotógrafos, con un poco más de ayuda y de apoyo, serían capaces de promover algo mucho más significativo que Photomercado, y poner el nombre de Utrera en el mapa del mundo de la fotografía.

En conclusiones, no tenemos excusa para exigir a nuestras autoridades una POLÍTICA CULTURAL DE CALIDAD que no vulgarice el arte como se está haciendo actualmente. El Ayuntamiento debe comprometerse a llevar las distintas manifestaciones artísticas haciéndolas llegar al pueblo de Utrera. Los jóvenes de nuestro pueblo deben tener la oportunidad (como yo la he tenido muchos años) de poder comprar varias entradas de teatro al año o de ir a un concierto en el que se pueda socializar al mismo tiempo que se alimenta la creación del propio yo. Esta política debe atender a la diversidad y variedad con unos parámetros de calidad establecidos. La frecuencia debe ser periódica con el objetivo de crear un hábito y unas costumbres, tras las ejecuciones debe hacerse una evaluación meditada para comprobar los aciertos y reforzarlos así como medir los fracasos para subsanarlos.

En esta tribuna terminaremos con un extracto de Miguel de Unamuno muy esclarecedor:  “La libertad no es un estado sino un proceso; sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe. Sólo la cultura da libertad. No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamientos. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura. Sólo la imposición de la cultura lo hará dueño de sí mismo, que es en lo que la democracia estriba.”