Me sumo a la moda, hablemos sobre sistema de partidos

Parece que entre politólogos y opinadores está de moda hablar sobre el futuro de nuestro sistema de partidos. Es lógico, la ciudadanía está hasta los escraches de nuestros políticos, el sistema bipartidista suscita muchas críticas y sus principales valedores no están a la altura. Yo también me sumé al carro y durante un tiempo estuve trabajándo una mininvestigación de la que he terminado por desistir por dos razones: intenté darle un sustento científico (con la ayuda de Pablo Simón) pero mi hipótesis no cuadraba con los datos; la segunda razón es que han salido opiniones hasta debajo de las piedras y las hay para todos los gustos, por lo tanto, en las próximas elecciones saldrá un iluminado diciendo “¡LO DIJE!”, pero posiblemente sea un druida de la modernidad afortunado.

Puede que mi opinión sobre este tema haya cambiado desde que retoqué el texto por última vez, pero como ya digo, mi opinión es muy banal entre la multitud de artículos y ensayos que se han publicado en los últimos 12 meses. Así pues, hay que tomar todo esto con mucha precaución, las hipótesis de los demás y por supuesto la mía.

He rescatado el texto y lo he adaptado para publicarlo aquí, lo hago simplemente para que no quede en el olvido y esperar alguna opinión o crítica, y desde luego para postularme como futuro lector del futuro y de ahí a gurú de la política. Quién sabe, a lo mejor me cae la pera.

Ahí va el texto, adaptado: 

 

¿Hacia una reactualización de nuestro sistemas de partidos?

En este post me gustaría apuntar que ya tenemos indicios suficientes para poder decir que España parece apuntar hacia el cuarto cambio en nuestro sistema de partidos.

Para  introducir mi hipótesis hay que señalar que en España no tenemos un sistema de partido tradicional ya que hemos tenido tres tipos y que es causa de esa suerte de excepcionalismo español, expresión para nombrar a la peculiar dinámica española (Juan Linz 1973, 1975,1980a, 1985b, y 1982).

Utilizando el vocabulario de Sartori, aplicando los estudios a España por parte de Montero y Llera diremos que a principios de la democracia tuvimos un sistema de pluralismo moderado en el que los dos partidos principales (UCD y PSOE) sumaban un tercio de los votos cada uno y otros dos partidos (PC y AP) que representaban un 10% de los votos cada uno. Tras las dos primeras legislaturas y debido a la fragmentación de la UCD y la subida espectacular del PSOE llegamos al segundo tipo que es el de partido dominante en el que la distancia entre el primer y segundo competidor fue desde los 22 puntos en 1982 hasta los 14 en 1989. Es en 1993 cuando empieza a atisbarse el siguiente cambio y que ha regido nuestra composición parlamentaria hasta estos días. Dicho cambio vendría a partir de dicho año que es cuando PSOE y PP empiezan a alternarse en el poder apoyándose en los partidos de ámbito regional ejerciendo de bisagras.

¿Qué provoca este cambio en nuestro sistema de partidos no tradicional? Yo apuntaría a lo que Paco Llera llama “fatiga bipartidista”. La continua dinámica de confrontación imperiosa entre PP y PSOE,  la falta de acuerdos (agudizada en los últimos años) y las inexistentes respuestas para salir de la crisis ha provocado un rechazo patente al bipartidismo por parte de la ciudadanía y que según las encuestas parece que se está consolidando.

Otro factor sería la dinámica polarizadora tanto de nuestro electorado como de los partidos. En este sentido dos puntos nos diferencia del resto de Europa: por un lado tanto partidos como votantes están más polarizados que los europeos; y por otro lado los electores estamos menos polarizados o distanciados que nuestros partidos. Todo esto puede provocar inestabilidad electoral ya que supone una superoferta. Según Llera, este exceso de polarización provoca tensión en el electorado y por lo tanto inestabilidad electoral, teniendo en cuenta además la diferencia de ubicación media entre los votantes y sus partidos.

Así, ya en las elecciones generales de 2011 ya se atisbaron signos de fragmentación. A saber:

–          La suma de los votos de los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) es la mínima desde que se inicia la etapa de bipartidismo imperfecto (1993).

–          Entraron 14 partidos políticos en el Congreso, récord hasta el momento.

–          Los partidos de ámbito territorial también baten récord en votos, escaños y partidos.

–          Los dos principales, pero minoritarios, partidos de ámbito nacional (IU y UPyD) multiplicaron su representación por 5.

–          Las 48 candidaturas restantes sin representación parlamentaria sumaron medio millón de votos a los conseguidos en las anteriores elecciones de 2008.

Conclusiones

Como apunta Pablo aquí, la volatilidad del voto en las elecciones de 2011 fueron de tipo B (los trasvases de votos se producen entre partidos estables dentro del sistema). Sin embargo, a tenor de lo explicado en unas hipotéticas elecciones que se produjeran ahora tenemos suficientes indicios para asegurar que la volatilidad sería de tipo A (para partidos nuevos) y el los grandes beneficiados serían UPyD (se puede decir que UPyD es un partido “extra muros” del sistema político)e Izquierda Unida. Y es aquí donde llega la principal diferencia entre el sistema de partidos de 1977-1982 al hipotético que estamos estudiando. En aquéllas legislaturas había dos partidos mayoritarios (PSOE y UCD) con dos partidos satélites (PC y AP), en este caso tendríamos dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) con un partido satélite (IU) y un partido bisagra situado en el centro del espectro izquierda-derecha y que puede alterar las pautas de gobernabilidad conocidas hasta ahora.Este partido bisagra es UPyD.

Otra previsible consecuencia de esta erosión del sistema de partidos puede ser la aparición de nuevos partidos “extra muros” del sistema políticos, es decir, otros UPyD. Y  no me refiero al pacífico Partido X, sino a partidos de índole desconocida en España o de existencia muy residual. Serían partidos o corrientes partidistas de índole populista y con propuestas xenófabas, radicales y antieuropeistas. Un claro ejemplo puede ser la fragmentación del anteriormente sistema de partidos estable en Grecia y en el que en pocos años la izquierda radical ha subido 22 puntos y dos formaciones de derecha populista lo han hecho en 14 puntos.