Me sumo a la moda, hablemos sobre sistema de partidos

Parece que entre politólogos y opinadores está de moda hablar sobre el futuro de nuestro sistema de partidos. Es lógico, la ciudadanía está hasta los escraches de nuestros políticos, el sistema bipartidista suscita muchas críticas y sus principales valedores no están a la altura. Yo también me sumé al carro y durante un tiempo estuve trabajándo una mininvestigación de la que he terminado por desistir por dos razones: intenté darle un sustento científico (con la ayuda de Pablo Simón) pero mi hipótesis no cuadraba con los datos; la segunda razón es que han salido opiniones hasta debajo de las piedras y las hay para todos los gustos, por lo tanto, en las próximas elecciones saldrá un iluminado diciendo “¡LO DIJE!”, pero posiblemente sea un druida de la modernidad afortunado.

Puede que mi opinión sobre este tema haya cambiado desde que retoqué el texto por última vez, pero como ya digo, mi opinión es muy banal entre la multitud de artículos y ensayos que se han publicado en los últimos 12 meses. Así pues, hay que tomar todo esto con mucha precaución, las hipótesis de los demás y por supuesto la mía.

He rescatado el texto y lo he adaptado para publicarlo aquí, lo hago simplemente para que no quede en el olvido y esperar alguna opinión o crítica, y desde luego para postularme como futuro lector del futuro y de ahí a gurú de la política. Quién sabe, a lo mejor me cae la pera.

Ahí va el texto, adaptado: 

 

¿Hacia una reactualización de nuestro sistemas de partidos?

En este post me gustaría apuntar que ya tenemos indicios suficientes para poder decir que España parece apuntar hacia el cuarto cambio en nuestro sistema de partidos.

Para  introducir mi hipótesis hay que señalar que en España no tenemos un sistema de partido tradicional ya que hemos tenido tres tipos y que es causa de esa suerte de excepcionalismo español, expresión para nombrar a la peculiar dinámica española (Juan Linz 1973, 1975,1980a, 1985b, y 1982).

Utilizando el vocabulario de Sartori, aplicando los estudios a España por parte de Montero y Llera diremos que a principios de la democracia tuvimos un sistema de pluralismo moderado en el que los dos partidos principales (UCD y PSOE) sumaban un tercio de los votos cada uno y otros dos partidos (PC y AP) que representaban un 10% de los votos cada uno. Tras las dos primeras legislaturas y debido a la fragmentación de la UCD y la subida espectacular del PSOE llegamos al segundo tipo que es el de partido dominante en el que la distancia entre el primer y segundo competidor fue desde los 22 puntos en 1982 hasta los 14 en 1989. Es en 1993 cuando empieza a atisbarse el siguiente cambio y que ha regido nuestra composición parlamentaria hasta estos días. Dicho cambio vendría a partir de dicho año que es cuando PSOE y PP empiezan a alternarse en el poder apoyándose en los partidos de ámbito regional ejerciendo de bisagras.

¿Qué provoca este cambio en nuestro sistema de partidos no tradicional? Yo apuntaría a lo que Paco Llera llama “fatiga bipartidista”. La continua dinámica de confrontación imperiosa entre PP y PSOE,  la falta de acuerdos (agudizada en los últimos años) y las inexistentes respuestas para salir de la crisis ha provocado un rechazo patente al bipartidismo por parte de la ciudadanía y que según las encuestas parece que se está consolidando.

Otro factor sería la dinámica polarizadora tanto de nuestro electorado como de los partidos. En este sentido dos puntos nos diferencia del resto de Europa: por un lado tanto partidos como votantes están más polarizados que los europeos; y por otro lado los electores estamos menos polarizados o distanciados que nuestros partidos. Todo esto puede provocar inestabilidad electoral ya que supone una superoferta. Según Llera, este exceso de polarización provoca tensión en el electorado y por lo tanto inestabilidad electoral, teniendo en cuenta además la diferencia de ubicación media entre los votantes y sus partidos.

Así, ya en las elecciones generales de 2011 ya se atisbaron signos de fragmentación. A saber:

–          La suma de los votos de los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) es la mínima desde que se inicia la etapa de bipartidismo imperfecto (1993).

–          Entraron 14 partidos políticos en el Congreso, récord hasta el momento.

–          Los partidos de ámbito territorial también baten récord en votos, escaños y partidos.

–          Los dos principales, pero minoritarios, partidos de ámbito nacional (IU y UPyD) multiplicaron su representación por 5.

–          Las 48 candidaturas restantes sin representación parlamentaria sumaron medio millón de votos a los conseguidos en las anteriores elecciones de 2008.

Conclusiones

Como apunta Pablo aquí, la volatilidad del voto en las elecciones de 2011 fueron de tipo B (los trasvases de votos se producen entre partidos estables dentro del sistema). Sin embargo, a tenor de lo explicado en unas hipotéticas elecciones que se produjeran ahora tenemos suficientes indicios para asegurar que la volatilidad sería de tipo A (para partidos nuevos) y el los grandes beneficiados serían UPyD (se puede decir que UPyD es un partido “extra muros” del sistema político)e Izquierda Unida. Y es aquí donde llega la principal diferencia entre el sistema de partidos de 1977-1982 al hipotético que estamos estudiando. En aquéllas legislaturas había dos partidos mayoritarios (PSOE y UCD) con dos partidos satélites (PC y AP), en este caso tendríamos dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) con un partido satélite (IU) y un partido bisagra situado en el centro del espectro izquierda-derecha y que puede alterar las pautas de gobernabilidad conocidas hasta ahora.Este partido bisagra es UPyD.

Otra previsible consecuencia de esta erosión del sistema de partidos puede ser la aparición de nuevos partidos “extra muros” del sistema políticos, es decir, otros UPyD. Y  no me refiero al pacífico Partido X, sino a partidos de índole desconocida en España o de existencia muy residual. Serían partidos o corrientes partidistas de índole populista y con propuestas xenófabas, radicales y antieuropeistas. Un claro ejemplo puede ser la fragmentación del anteriormente sistema de partidos estable en Grecia y en el que en pocos años la izquierda radical ha subido 22 puntos y dos formaciones de derecha populista lo han hecho en 14 puntos.

Buscando un modelo de gestión sanitaria

Desde la llegada de la crisis económica, con su consiguiente problema de deuda y déficit público, son muchos los actores que plantean una reformulación en los planteamientos de la sanidad pública. Así, son muchas las voces que en nombre de la Nueva Gestión Pública, se han dirigido hacia la reforma de la gestión de los hospitales hacia un modelo que podríamos calificar como “menos público” ya que no cumple los requisitos para calificarla como privada. La crisis no ha hecho sino acelerar un comportamiento que ya llevaba instalado mucho tiempo en el imaginario gubernamental y que se apoya en un contexto autorizante (aunque intuitivamente carente de legitimidad social) que prima el ahorro y la estabilidad presupuestaria.

Sin embargo, el debate se ha convertido en una batalla ideológica centrada entre los que defiende el status quo actual o los que defiende un adelgazamiento a ultranza del Estado, ignorando per se la interminable escala de grises entre esos dos planteamientos y con una escasa aportación empírica que permita dilucidar la mejor opción entre todas las posibles. Por tanto, la falta de transparencia y de datos provoca un debate irremediablemente estéril y excesivamente ideológico. Hace falta más polilty y menos politics.

Dos son los elementos que vertebran este debate: sanidad de los ciudadanos y costes de mantener el sistema de sanidad. Mientras que la multiplicidad de factores que se podrían esgrimir como la renta, el clima, los hábitos y el entorno institucional son olvidados.

Uno de los principales argumentos a favor del status quo actual es que nuestro gasto sanitario ajustado por la renta es inferior a la media de los países europeos. Esto podría ser cierto si lo comparamos con países que organizan su sanidad de forma diferente (modelo Seguridad Social en Francia o Alemania); pero no lo es tanto si lo comparamos con países que aplican modelos parecidos a nuestro Sistema Nacional de Salud (Suecia, Reino Unido o Italia). Resumiendo, podríamos decir que gastamos aproximadamente lo mismo que aquellos países que organizan su sanidad de un modo parecido al nuestro. Por otra parte, a pesar de la excelencia reconocida internacionalmente de nuestros profesionales de la salud, desde hace ya muchos años se están produciendo ciertas tensiones que en algunos casos superan el ámbito nacional (déficit de médicos, números clausus, plazas MIR, clima laboral, etc.).

too big to fail

El modelo de partenariado público-privado que se propone desde Madrid conllevaría unos costes de transacción ya de por sí muy elevados. Pero supongamos que dicha experiencia no cumple los requisitos fijados , peor aún, la empresa concesionaria quiebra por el motivo que sea o simplemente entra un gobierno distinto que decide dar marcha atrás. Irremediablemente el sector público tendría que rescatar dicho hospital ya que los hospitales son una suerte de cuasi-monopolios entre su población de referencia y dada la naturaleza del servicio que prestan una posible quiebra debería ser solventada por las administraciones públicas. Entonces, los costes de volver de nuevo hacia atrás se multiplican. En España ya se ha vivido esta situación con el caso Alcira, un hospital de la Comunidad Valenciana traspasado a la empresa concesionaria Ribera Salud en 1999 y rescatado por la Generalitat en 2003. Otro de los problemas que plantea esta situación sería el riesgo moral: si una empresa y sus trabajadores saben que existe la posibilidad de ser rescatadas no disponen de los incentivos suficientes para una gestión de forma eficiente, lo que contradice los mismos principios de privatización.

Es necesario un debate más transparente y profesional que elimine las barreras informativas, estableciendo objetivos y prioridades sobre el modelo de gestión sanitaria más óptimo para cada caso local. La propuesta madrileña incluye 6 hospitales, como un primer paso, y tras un debate intenso y basado en comparaciones se propone dar salida a la externalización de uno solo de los hospitales. Mediante una evaluación a medio plazo (cinco o seis años) y con un control exhaustivo de calidad de los servicios prestados, se podrá dilucidar cuáles son los errores y virtudes de los planteamientos del gobierno de la Comunidad de Madrid. De esta manera, se podrá indicar cuál debe ser la dirección que debe tomar la gestión de la sanidad en Madrid. Por ende, esta forma de evaluar y probar puede ser extendida a las políticas públicas en materia de sanidad de las demás comunidades autónomas y a las demás  necesarias de reformas, entre ellas la política universitaria.

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Repensar el modelo universitario

Hace ya cinco años empezó mi aventura universitaria, y por lo que a mí me incumbe espero que dure muchos años más. Mi experiencia ha sido sumamente positiva, no solo por la formación que he recibido, sino también por la cantidad ingente de ventanas y puertas que me ha abierto hacia otras subramas de mi carrera, hacia otras ciencias paralelas, a un sinfín de referencias culturales, a ampliar y mejorar mi capital social, al extranjero y a otras cosas que no voy a decir. La Universidad y los universitarios han sido siempre la vanguardia de cualquier sociedad, democrática o no. En definitiva, estoy en condiciones de asegurar que en la recta final de mi etapa universitaria “obligatoria”, la Universidad ha pasado por mi vida y no simplemente he sido yo el que he pasado por ella.

Sin embargo, el sistema actual universitario está muy anquilosado en España y por lo que tengo conocimiento en otros muchos países de Europa continental (no en todos). Además, la calidad de la Universidad española está en pleno retroceso. Muchas de las carreras se han convertido en un gran “tercero de bachillerato”: planes de estudios mal diseñados, escasa financiación, disputa entre universidades, facultades y departamentos, demasiada paja entre las asignaturas, etc. La gestión de la Universidad, como en gran parte de la Administración Pública, se debe en gran parte al clientelismo. En la mayoría de las universidades españolas los rectores le deben su cargo “a los colegas“, en muchos casos los rectores son personas con nula capacidad gestora y desde su despacho desconocen los problemas principales de sus alumnos. Son los alumnos, y por consiguiente el conjunto de la sociedad, los que deben de estar en el centro de todas las sinergias enfocadas a mejorar la calidad de la Universidad y no los profesores o los políticos.

No solo está mal gestionada la Universidad, también el ámbito educativo e investigador está infectado. Como dice Pablo Simón en La Kancillería:

“…la universidad (la española al menos) tenemos una concepción del saber propia de la Edad Media. Y no le falta razón. Aquí el conocimiento tiene una dimensión mística y piramidal: el que sabe es una persona que guarda sus conocimientos con celosía, sin que se sepa muy bien de donde proceden, y los comparte desde la aceptación de que su palabra es puro dogma de fe. Adquirido el saber sobre una materia determinada, su transmisión es meramente unidireccional y su diálogo con otros paradigmas es directamente incompatible. Cómo si de miles de órdenes monásticas y sectas se tratase, cada una de ellas separada, con sus propias liturgias y formas, encapsulada. Pero eso sí, todas pensando que adoran al verdadero Dios de la ciencia. Hacer vida en un departamento universitario es tener que moverse en el proceloso mundo de un estado feudal y eso es algo que sólo se averigua con el tiempo. Cumple los requisitos básicos para funcionar como tal: polisinodal (muchos centros de poder) y estamental(basado en jerarquías y vasallaje).”

En menor medida que en la educación obligatoria, gran parte del profesorado no está bien seleccionado. La simbiosis entre investigación y docencia es realmente espantosa: una persona puede ser buena investigando y no solo un desastre enseñando sino que considera la docencia como una piedra en su camino. Y al contrario supongo que puede suceder lo mismo. Para más inri, en mi Universidad se premia al profesor bien evaluado por sus alumnos con más horas dedicadas a la investigación y menos a la docencia.

Y por último, uno de los despilfarros cometidos en los años de bonanza ha sido la proliferación de facultades y universidades por todas las provincias españolas como setas. Con mejor intención que aquellos que han construido bibliotecas sin libros y aeropuertos sin aviones, la época del Ave para todos también nos puso una Universidad en la puerta de nuestras casas. Esto, que puede parecer positivo en un principio (universalización de la educación universitaria, etc.) no redunda en la calidad de la educación ya que el conocimiento se dispersa, todas ofrecen lo mismo, entran profesores con baja cualificación…

Sin entrar en más dilaciones ni consideraciones exógenas, voy a proponer una serie de reformas en el sistema educativo español. Las últimas cinco propuestas son de Manuel Gómez, un tipo que sabe mucho más que yo de estos temas pero que abordamos la realidad desde diferentes prismas.

1. La primera propuesta es de un calado intensísimo y muy general y que ya he manifestado en muchas ocasiones, es la de redirigir la veleta del Estado de Bienestar hacia las capas jóvenes de la sociedad.

2. Como el primer punto es muy improbable, una solución alternativa es subir las tasas universitarias, proporcional y exclusivamente a aquellos que se lo pueden permitir.

3. Fusionar universidades y reducir facultades y titulaciones.

4. El punto 3 y 4 no tendría sentido si no se plantea un sistema de becas muy generoso, que favorezca a las rentas medias y bajas y que premie extraordinariamente al talento. Un sistema de becas que te permita elegir la facultad de cualquier provincia que el alumno desee. Como escuché a un viejo en la radio a cuento de este tema: “cuando un chaval cumple 18 años lo que tiene que hacer es salir de casa”.

Los siguientes puntos deben mucho al modelo americano, que no es el mejor pero sí uno de los mejores.

5. La gestión de la Universidad es un tema peliagudo (en un principio el post iba solo dirigido a este punto). Tanto el sistema medio de selección de los rectores en España como un supuesto sistema completamente democrático (rollo Complutense) deja mucho que desear por muchos motivos. Hay que buscar un sistema de selección de los cargos gestores para que los responsables tengan unas metas y unos objetivos que hagan ganar al conjunto de la sociedad y no exclusivamente al sector que más le ha ayudado en ganar las elecciones.

6. Atraer el apoyo filantrópico y favorecer el mecenazgo a toda costa, clave del éxito de universidades como Harvard.

7. Implicar a los ex alumnos en la gestión y en los objetivos de su ex universidad. Este punto está muy asentado en EEUU y esa conciencia no existe desgraciadamente en España: lo más interesados en la mejoría de su antigua Universidad deben ser aquellos que han recibido su formación allí ya que recapitaliza su título. Sobre este punto tengo que seguir escribiendo en otro post.

8. Cambiar la lógica del investigador que desarrolla toda su vida académica en el departamento en el que entró con 23 años. Por ejemplo, en EEUU, una vez que has hecho la tesis doctoral tienes que pasar al menos 10 años en otro departamento. Esto favorece el desarrollo científico, la transmisión del conocimiento y corta las alas al corporativismo.

9. Todos mis amigos que han estudiado en una Universidad anglosajona han venido encantados por su forma de enseñar, todos coinciden en que su aprendizaje ha sido mucho mayor que en España. Según tengo entendido es un sistema en el que es el alumno es el que tiene que enseñarse, las clases están para las dudas y para el intercambio de ideas sobre el trabajo que el alumno ha hecho previamente en su casa. Los exámenes ocupan un lugar secundario. Y enlazando con el tema de los exámenes me gustaba especialmente el sistema francés, en el que para pasar de curso tenías que tener una nota media (posiblemente cualificada). Es decir, que si la asignatura X se te da mal y no pasas del 3 no hay problema.

Paso con las propuestas de Lolo, posiblemente él no comparta las anteriores:

10. Empoderar a los estudiantes, hay que escucharlos. El sistema de evaluación de los profesores por parte de los alumnos bien aplicado puede dar muy buenos resultados, como por ejemplo en Córdoba.

11. El método de investigación debe ser más libre, más “Creative Commons”. El conocimiento, en el sentido platónico, debe pasar del esoterismo al exoterismo.

12. Acabar con la lógica cortoplacista de la rentabilidad inmediata, tan ibérica ella.

13. Terminar con la precariedad entre el profesorado. ¿Sabéis cuánto cobra un profesor en EEUU? Una barbaridad, siempre repito que para atraer a los mejores hay que pagarles bien.

14. El sector público tiene que tener más poder sobre la Universidad a la hora de sacar proyectos estratégicos, la iniciativa privada en España no está muy interesada por la investigación. Sin embargo, añado que hay que incentivar a toda costa la innovación y la investigación en el ámbito del sector privado.

Conclusiones

El sistema universitario español, aunque no es un desastre tiene grandes lagunas y es potencialmente muy mejorable. Sin embargo, esta serie de propuestas deberían insertarse dentro de un conjunto de reformas más amplias que reformen el sistema educativo por completo y como digo en el primer punto reactualizar el Estado del Bienestar, teniendo siempre en el punto de mira la mejora constante de las políticas educativas. En un principio iba a escribir exclusivamente sobre la deficiente gestión de las universidades pero al final me he enredado y me ha salido este megapost que mañana voy a enviar al ministro Wert.

Rajoy año I: ¿algo bueno?

Estamos a las puertas de superar el primer año de Rajoy en la presidencia del gobierno. El gobierno popular goza de un poder omnipotente, tiene una amplia mayoría absoluta y gobierna en casi todas las comunidades autónomas y prácticamente en todas las capitales de provincia. A pesar del poder que ostenta y que sabía mucho antes de las elecciones de 2011 que iba a tener, su mandato se está caracterizando por la incertidumbre y la improvisación.

Todos los indicadores relacionados con la crisis (crecimiento, desempleo, prima de riesgo, etc) están empeorando. Nuestro presidente no duda en retrasar varios meses la aprobación de  los PGE varios meses para esperar a que pasaran las elecciones andaluzas. Un presidente que no tenía ni idea de qué iba a hacer cuando llegara a la presidencia (y no me vale lo de que no sabía la situación que se iba a encontrar porque sí la sabía, él y toda España) y que ni siquiera había avisado a quién iba a ser su ministro de Economía para que se fuera preparando. Un presidente que deja que su ministro de Justicia legisle a golpe de titular, que deja que su ministro de Educación declare la guerra a todo el sistema educativo,  que coloca en el ministerio de Trabajo a una total incompetente con 6 millones de parados, que dilata la decisión de pedir el rescate a cuando se le aparezca la Virgen de Fátima, que por supuesto no piensa cumplir un poquito de su programa electoral, que no da la cara ni ante la ciudadanía y que deja recaer todo el peso de la responsabilidad sobre sus ministros. La lista del escarnio del primer año de Rajoy es interminable.

Sin embargo hay gente que sigue afirmando que él y su gobierno está haciendo lo correcto, que incluso vamos por el buen camino. Yo no le digo a nadie lo que tiene que pensar o dejarse creer, es algo que no comparto pero que por mucho que le busco algo positivo no encuentro. Comprendo que la situación es catastrófica, que a pesar de su poder sus decisiones están muy maniatadas por la troika…

¿Qué ha hecho Rajoy bien? Siendo un poco retorcido podemos llegar a pensar que Rajoy es el  único presidente -salvo en casos como el de las elecciones andaluzas o las políticas llevadas a cabo por Rajoy- que no solo piensa en el corto plazo, sino que se empeña en en la búsquedas de soluciones que nos beneficiarán dentro de 10 o 15 años. Eso sí, a un coste altísimo.

Hay algunos indicadores positivos pero en los que la incidencia del actual Gobierno no es muy alta.  Como dice Roger en poltikon, hay luz al final del tunel. A saber: estamos recuperando competitividad, algo que no ocurría desde 1995 (a base de echar a todo los trabajadores no cualificados, claro); las exportaciones crecen como la espuma y nuestra balanza exterior es positiva, cosa que no veíamos posiblemente desde la Primera Guerra Mundial; finalmente parece que los problemas bancarios se van a solucionar (en UK, EEUU o Irlanda solucionaron los problemas en semanas); las comunidades autónomas se están poniendo al día con el déficit; y por último los precios de la vivienda tocará fondo el año que viene, un poco más tarde empezarán a subir de nuevo y solo entonces empezará a revitalizar razonablemente el sector inmobiliario.

Para concluir me gustaría hacer una comparación. Imaginaos que España es un enfermo, que está en la UCI (de hecho lo estamos), las medidas para atajar la crisis es como si sin recuperar las constantes vitales pretendiéramos pasar el enfermo a planta directamente, sin cortar la hemorragia. Pues en esas estamos, si queremos reformar el Estado para que en un futuro sea sostenible primero habrá que dejarlo respirar y que su corazón vuelva a palpitar.

Un 25% de paro: hay que hacer algo YA

Nuestro mayor problema es el paro estructural que sufre España. Nuestro mejores datos datan de los años 2006 y 2007, cuando el país iba viento en popa a toda vela con un 8% de paro. En cualquier país perteneciente a la OCDE dicha cifra ya es más que suficiente para quitar al presidente de turno y poner a otro, pero la peculiaridad española en estos temas nos hace un país bien diferente en cuanto a la tasa de desempleo.

La semana pasada salió a la palestra el nuevo dato: un 25% de desempleo y camino de llegar a los 6.000.000 de parados. El gran fracaso de todos nuestros dirigentes políticos, líderes sindicales y ecómicos es éste sin duda, corazón de muchos más problemas: deshaucios, incremento de la pobreza, brecha entre ricos y pobres, etc.,  nos estamos cargando literalmente a toda una generación. Nuestra producción tardará décadas en alcanzar la de 2007 (cuando llevaba una década y media estancada), mientras tanto nuestras mentes más preparadas salen de España en busca de un acomodo laboral más cálido.

Propuestas para atajar este problema las hay y muchas desde todas las opciones políticas: contrato único para reducir la dualidad laboral, política expansiva en los países del norte para que empiecen a tirar del carro, política expansiva en los países del sur, fomentar los contratos a tiempo parcial para repartir los contratos entre más personas, cambiar la veleta del Estado de Bienestar para que apunte hacia los jóvenes, y un largo ecétera. ¿Qué está haciendo el actual Gobierno de España? Absolutamente nada, nada de lo que se le propone es aceptado.

Los expertos se echaban las manos a la cabeza con algunas de las medidas de Zapatero para atajar lo que él llamaba de 14 maneras distintas sin mencionar la palabra crisis. Pero, ¿y el gobierno de Rajoy? Después de casi un año de gobierno popular, Rajoy está ganándose a marchas forzadas ser uno de los 5 peores gobernantes de toda la historia española. En materia económica está incluso haciendo bueno a Zapatero, en materia social es harina de otro costal. No hay forma lógica de entender cómo, una persona que llevaba meses y meses sabiéndose próximo presidente de un gobierno no preparara a su equipo, eligiera sus ministerios claves y diseñara un plan qué poner en marcha una vez instalado en el gobierno. Esto se aplica en los países anglosajones y se conoce como shadow cabinet, se trata de un paragobierno de oposición en el que cada componente se encarga de una materia y hace oposición específica, suponiendo que una vez en el poder aplicará las medidas que ha estado proponiendo. Sin embargo Rajoy no tenía ningún plan, los españoles lo votaron por inercia pero ningún ciudadano en este país tenía la menor idea de cuál era su hoja de ruta para salir del atolladero. Cuando los populares se instalaron en la Moncloa empezaron a gobernar a base de chapuzas e improvisando (y no me vale que no sabían los datos del déficit cuando el PP gobierna en las comunidades más endeudadas).

En fin, hay que hacer algo y ya, lo que sea. Es hora de apelar a la imaginación, de buscar algo que pare esta sangría de la que nos estaremos acordando durante las próximas décadas.

Pérez Llorca y la selección negativa

La estampida del remplazamiento de cargos de confianza tras la llegada del PP al Gobierno es tal que casi un año después todavía sigue siendo noticia.

En la parte positiva de los gobiernos de Zapatero le debemos la independencia conseguida en muchas de las instituciones de Estado, lo que nos otorgó un plus de democratividad. El ejemplo más claro lo tenemos en la televisión pública, los informativos de RTVE fueron premiados por su independencia y rigor como los mejores del mundo superando a los de la BBC.

Es con la llegada de Mariano Rajoy al Gobierno de España cuando varios puestos claves empiezan a tener un perfil poco profesional y muy parcial. Como ejemplos la elección de Echenique como director de RTVE; o el nombramiento de Elvira Rodríguez para presidir la Comisión Nacional de Valores, si bien tiene una dilatada carrera política carece a todas luces de la preparación y las competencias requeridas para un puesto tan sensible.

El último escándalo ha sido el nombramiento obligado de una persona totalmente alejada del mundo del arte como es José Pedro Pérez Llorca para presidir el Real Patronato del Museo del Prado. No me he informado mucho pero supongo que es el puesto gordo del Prado, es decir, el “jefe del estado” del Prado, no será el que lleve el día a día del Prado pero sí el que tenga la palabra final sobre las más importantes decisiones que marque el camino de una de nuestras más importantes instituciones.

La historia y la memoria de las naciones europeas se guardan en nuestros museos nacionales, y es el Museo del Prado una de las pinacotecas más importantes del mundo si no la que más. La decisión de sentar a una persona muy sesgada y politizada no hace sino desprestigiar a la institución.

Cuando hablamos (y hablaremos más adelante) de la selección negativa de las élites en España no solo nos referimos a la captación de chavales en los partidos a la preparación de sus cuadros, la formación media de los ministros, si el Presidente habla o no idiomas o la selección ineficaz de trabajadores públicos en las oposiciones, también nos refererimos a poner a personas al frente de organismos del que por su naturaleza no tienen ni idea.

Réplica publicada en el Vía Marciala

En mi pueblo hay una revista que lleva publicándose unos sesenta años. Se llama Vía Marciala y solo ha tenido dos directores (padre e hijo). Es una publicación mensual en la que se escribe básicamente sobre temas utreranos: flamenco, semana santa y toros, y las experiencias e historias que cualquiera tenga que contar y que tenga como panel de fondo nuestra querida Utrera. También se cuela de vez en cuando algún artículo de algún conciudadano interesado o mosqueado con otros temas.
El pasado mes de septiembre se coló un artículo de opinión que opininaba sobre los males de España y proponía “soluciones”. Sin más, paso a transcribir mi respuesta que ha sido publicado en el número de octubre.

“Me propongo en estas líneas replicar un artículo publicado en esta misma revista titulado ¿De rositas?  escrito por Jaime Camacho Ruiz. Lo hago porque la falta de rigor en algunas afirmaciones y la falta de conexión entre los argumentos me ha llamado la atención y creo  necesario hacer varias correcciones.

Son muchas las corrientes en las diversas ciencias sociales para tratar de comprender y analizar un problema y sugerir respuestas. En el tema de la crisis la predominante es sin duda la ciencia económica por razones obvias, casualmente una de las más reacias a vertebrar sus teorías (sea de la escuela que sea) mediante teorías culturalistas. Y el artículo al que me refiero peca mucho de esto último.

“En primer lugar hace un llamamiento a un “análisis más profundo” que sería reconocer que hemos “vivido por encima de nuestras posibilidades”.  Esta frase repetida hasta la saciedad ha acabado interiorizada en la sociedad española y en varios medios de comunicación y opinólogos poco rigurosos la han asumido como verdadera. Para profundizar un poco más podemos formular la siguiente pregunta: ¿Quién se ha endeudado por encima de sus posibilidades? Es cierto que la economía española tiene una deuda de un tamaño no baladí, pero si lo comparamos con los países de nuestro entorno veremos que la Deuda Pública es menor que en Italia, Alemania, Francia o Reino Unido. Por otra parte, si observamos los datos de la deuda de familias y empresas del año que explotó la crisis (2007) veremos cómo el 10% de las familias con más ingresos acumulan el 40% de la deuda total de las familias; en cuanto a las empresas, el 95% de la deuda pertenece a las grandes empresas. Por lo tanto no es cierto que todos los españoles nos hayamos endeudado más de la cuenta.

En segundo lugar alude constantemente a valores como el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo como método para salir del atolladero. Esto, no es más que la idea de que los españoles y concretamente los andaluces somos vagos (incluso Ortega y Gasset coqueteó equivocadamente con dicha afirmación). Todos los individuos que componen un ecosistema económico (empresarios, trabajadores y consumidores) responden a incentivos. Ninguno de los tres colectivos mencionados actúan y hacen las cosas porque sí, hay unos incentivos y en base a ellos tomarán una u otra decisión. Es decir, si el empresario X de Utrera no invierte en I+D+i, no es porque sí, es porque el mercado laboral, el sistema fiscal, las instituciones, etc. hacen que dentro de lo razonable su opción sea la más adecuada a sus posibilidades.

Y si acudimos a los datos veremos cómo un trabajador español trabajaba 1.636 horas anuales en 2007 (2.115 un griego, 1.556 un francés o 1.430 un alemán). Si seguimos profundizando el siguiente paso lógico es comprobar el PIB por hora trabajada, veremos como en 2007 era 47.2 dólares lo que significa que somos aproximadamente un 20% menos productivos que nuestros vecinos teutones o galos. Todos estos datos son, entre muchas otras cosas, de los más explicativos de la situación que estamos viviendo y cómo hemos visto no es cierto que en España haya que trabajar más, sino que hay que trabajar mejor.

Y en tercer lugar me gustaría llamar la atención sobre una de las grandes falacias que nos han querido meter entre ceja y ceja en los últimos años y que también aparece recogido en el artículo mencionado. Es la idea de que nos sobran políticos y de que recortando en sus salarios y reduciéndolos en número ahorraremos mucho dinero. En primer lugar, señalar que no son los políticos los que nos cuesta el dinero, son las políticas. Echando unas cuentas sin corroborarlas he llegado fácilmente a la conclusión de que alrededor de 8 de cada 10 políticos en España no cobran nada y si lo haces es simbólico (siendo generoso hay unos 80.000 y no 400.000 como asegura el bulo). Dicha medida que alude el artículo de no rebajar el número de concejales un 30% sino un 60% y de rebajar el sueldo de los políticos en el mismo porcentaje traería consecuencias muy negativas para el funcionamiento de nuestro país, sin embargo es una medida muy populista que ha entrado en la agenda política con gran virulencia. Dicha política es de las que podemos denominar “simbólica” porque no solucionan nada pero movilizan al electorado y ponen el punto de mira en temas menos preocupantes. Es cierto que la clase política actual no está a la altura de las circunstancias, que el clientelismo corre como la pólvora, que los casos de corrupción son cada vez mayores. Pero si intentamos salir de la crisis mediante estas medidas no haremos sino poner las bases para que la siguiente generación política esté menos preparada aún.

A modo de conclusión, advertir que no hay que dejarse llevar por la pluma débil y los pensamientos fáciles. Como bien apunta Jaime Camacho hay que profundizar,pero con rigor.”