Me sumo a la moda, hablemos sobre sistema de partidos

Parece que entre politólogos y opinadores está de moda hablar sobre el futuro de nuestro sistema de partidos. Es lógico, la ciudadanía está hasta los escraches de nuestros políticos, el sistema bipartidista suscita muchas críticas y sus principales valedores no están a la altura. Yo también me sumé al carro y durante un tiempo estuve trabajándo una mininvestigación de la que he terminado por desistir por dos razones: intenté darle un sustento científico (con la ayuda de Pablo Simón) pero mi hipótesis no cuadraba con los datos; la segunda razón es que han salido opiniones hasta debajo de las piedras y las hay para todos los gustos, por lo tanto, en las próximas elecciones saldrá un iluminado diciendo “¡LO DIJE!”, pero posiblemente sea un druida de la modernidad afortunado.

Puede que mi opinión sobre este tema haya cambiado desde que retoqué el texto por última vez, pero como ya digo, mi opinión es muy banal entre la multitud de artículos y ensayos que se han publicado en los últimos 12 meses. Así pues, hay que tomar todo esto con mucha precaución, las hipótesis de los demás y por supuesto la mía.

He rescatado el texto y lo he adaptado para publicarlo aquí, lo hago simplemente para que no quede en el olvido y esperar alguna opinión o crítica, y desde luego para postularme como futuro lector del futuro y de ahí a gurú de la política. Quién sabe, a lo mejor me cae la pera.

Ahí va el texto, adaptado: 

 

¿Hacia una reactualización de nuestro sistemas de partidos?

En este post me gustaría apuntar que ya tenemos indicios suficientes para poder decir que España parece apuntar hacia el cuarto cambio en nuestro sistema de partidos.

Para  introducir mi hipótesis hay que señalar que en España no tenemos un sistema de partido tradicional ya que hemos tenido tres tipos y que es causa de esa suerte de excepcionalismo español, expresión para nombrar a la peculiar dinámica española (Juan Linz 1973, 1975,1980a, 1985b, y 1982).

Utilizando el vocabulario de Sartori, aplicando los estudios a España por parte de Montero y Llera diremos que a principios de la democracia tuvimos un sistema de pluralismo moderado en el que los dos partidos principales (UCD y PSOE) sumaban un tercio de los votos cada uno y otros dos partidos (PC y AP) que representaban un 10% de los votos cada uno. Tras las dos primeras legislaturas y debido a la fragmentación de la UCD y la subida espectacular del PSOE llegamos al segundo tipo que es el de partido dominante en el que la distancia entre el primer y segundo competidor fue desde los 22 puntos en 1982 hasta los 14 en 1989. Es en 1993 cuando empieza a atisbarse el siguiente cambio y que ha regido nuestra composición parlamentaria hasta estos días. Dicho cambio vendría a partir de dicho año que es cuando PSOE y PP empiezan a alternarse en el poder apoyándose en los partidos de ámbito regional ejerciendo de bisagras.

¿Qué provoca este cambio en nuestro sistema de partidos no tradicional? Yo apuntaría a lo que Paco Llera llama “fatiga bipartidista”. La continua dinámica de confrontación imperiosa entre PP y PSOE,  la falta de acuerdos (agudizada en los últimos años) y las inexistentes respuestas para salir de la crisis ha provocado un rechazo patente al bipartidismo por parte de la ciudadanía y que según las encuestas parece que se está consolidando.

Otro factor sería la dinámica polarizadora tanto de nuestro electorado como de los partidos. En este sentido dos puntos nos diferencia del resto de Europa: por un lado tanto partidos como votantes están más polarizados que los europeos; y por otro lado los electores estamos menos polarizados o distanciados que nuestros partidos. Todo esto puede provocar inestabilidad electoral ya que supone una superoferta. Según Llera, este exceso de polarización provoca tensión en el electorado y por lo tanto inestabilidad electoral, teniendo en cuenta además la diferencia de ubicación media entre los votantes y sus partidos.

Así, ya en las elecciones generales de 2011 ya se atisbaron signos de fragmentación. A saber:

–          La suma de los votos de los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) es la mínima desde que se inicia la etapa de bipartidismo imperfecto (1993).

–          Entraron 14 partidos políticos en el Congreso, récord hasta el momento.

–          Los partidos de ámbito territorial también baten récord en votos, escaños y partidos.

–          Los dos principales, pero minoritarios, partidos de ámbito nacional (IU y UPyD) multiplicaron su representación por 5.

–          Las 48 candidaturas restantes sin representación parlamentaria sumaron medio millón de votos a los conseguidos en las anteriores elecciones de 2008.

Conclusiones

Como apunta Pablo aquí, la volatilidad del voto en las elecciones de 2011 fueron de tipo B (los trasvases de votos se producen entre partidos estables dentro del sistema). Sin embargo, a tenor de lo explicado en unas hipotéticas elecciones que se produjeran ahora tenemos suficientes indicios para asegurar que la volatilidad sería de tipo A (para partidos nuevos) y el los grandes beneficiados serían UPyD (se puede decir que UPyD es un partido “extra muros” del sistema político)e Izquierda Unida. Y es aquí donde llega la principal diferencia entre el sistema de partidos de 1977-1982 al hipotético que estamos estudiando. En aquéllas legislaturas había dos partidos mayoritarios (PSOE y UCD) con dos partidos satélites (PC y AP), en este caso tendríamos dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) con un partido satélite (IU) y un partido bisagra situado en el centro del espectro izquierda-derecha y que puede alterar las pautas de gobernabilidad conocidas hasta ahora.Este partido bisagra es UPyD.

Otra previsible consecuencia de esta erosión del sistema de partidos puede ser la aparición de nuevos partidos “extra muros” del sistema políticos, es decir, otros UPyD. Y  no me refiero al pacífico Partido X, sino a partidos de índole desconocida en España o de existencia muy residual. Serían partidos o corrientes partidistas de índole populista y con propuestas xenófabas, radicales y antieuropeistas. Un claro ejemplo puede ser la fragmentación del anteriormente sistema de partidos estable en Grecia y en el que en pocos años la izquierda radical ha subido 22 puntos y dos formaciones de derecha populista lo han hecho en 14 puntos.

Hugo Chávez a debate

La muerte de Hugo Chávez ha traído, como era de esperar, un amplio debate entre sus fieles y detractores. Las grandes líneas del debate han sido dos:

1. ¿Es Venezuela una dictadura o una democracia?

2. Si Venezuela ha mejorado en términos de pobreza e igualdad, o no, y a qué precio.

Como siempre, los expertos, los pseudoexpertos, los críticos, los tertulianos, los ideólogos y los cafres han tirado más de preferencias que de datos. Un análisis de estas características merece un estudio frío de todos los datos y contextualizarlos.

En este post no voy a entrar en valoraciones, sino que a tenor de lo que he leído en las blogosfera sobre este debate voy a linkear lo que considero que es mejor para que podáis obtener una valoración objetiva.

1. Venezuela y Hugo Chávez en veinte gráficos, de Ignacio Escolar. Datos fríos en bandeja.

2. El perrito Huguito y el ensimismamiento de la izquierda, de Toni Roldán Monés. Aquí está la clave, puede que Hugo Chávez haya reducido la pobreza y aumentado la igualdad, construido hospitales y escuelas como no había hecho ningún gobernante en Venezuela anterioremente. Pero, ¿a qué precio? y qué consecuencias puede tener esas decisiones.

3. ¿Es Venezuela una democracia?, de Sebastián Lavezzolo. Aquí se hace un recorrido a las distintas formas de considerar si un país es democrático o no según varios índices de Ciencia Política. Casi todos coinciden que en algún momento del mandato de Chávez, Venezuela dejó de ser una democracia. Este artículo fue contestado por uno que ofrece realmente pocos datos: Politólogos: ¿putas o militantes?, de Pablo Iglesias. No me queda muy claro eso de “politólogos del Régimen”, ¿desde cuándo ha interesado la Ciencia Política al “Régimen”?.

4. El peculiar régimen político de Venezuela, de Roger Senserrich. Parecido al anterior, usa un modelo que se estudia en primero de carrera en el que se dividen los países en democracias, dictaduras, dictablandas y democraduras.

5. En la muerte de Hugo Chávez, de Jorge Galinfo y Jorge San Miguel. Sobre las posibilidades del chavismo de continuar en el poder y los retos a los que se enfrenta.

6. Dos o tres cosas que sé del chavismo, del filósofo Bernard-Henry Lévy. Además de hacer un mero repaso a todo lo propuesto anteriormente menciona un par de cosas que desconocía sobre Chávez: su antisemitismo y la derogación de un par de leyes de protección a las mujeres.

Finalmente os dejo un gráfico que ha pasado un poco desapercibido en el debate:

Sin título

Despolitización y profesionalización de las administraciones pública + carta de respuesta

Esta fue la colaboración de enero en la revista Vía Marciala, como podréis observar es uno de mis temas preferidos.  Abajo inserto una carta de respuesta de Antonio Garcia Herrera, la persona a la que me refiero en el primer párrafo y que me ha hecho ilusión. No sé quién es y aunque sé que posiblemente no vaya a entrar en este blog, le mando un afectuoso saludo.

Inicio mi tercera colaboración en estas páginas no sin antes felicitar profundamente a Antonio García Herrera por la descripción y las conclusiones que de ella extrae sobre nuestro pueblo.  Las perspectivas para mí desconocidas, como son la antropología, la geografía o el urbanismo, empleadas en su serie Utrera Íntima para trazar los principales rasgos identitarios de este microcosmos incitan profundamente a la reflexión. Pienso que sus textos pueden servir como base para el inicio de una tertulia o foro en el que seguir reconociendo nuestra razón de ser, nuestra posición en esta tierra y dilucidar hacia dónde quiere ir este pueblo ya que hace años que carecemos de proyecto integral.

Tras haber propuesto una reforma en el sueldo de la clase política en noviembre y otra reforma de la competición de los partidos políticos en diciembre, ahora propondremos una reforma de las relaciones de los políticos con las distintas administraciones públicas. Recuerdo que esta serie de artículos tan solo busca propiciar un salto en la calidad de nuestros representantes públicos, las demás reformas mucho más necesarias para el mejor funcionamiento de España son dejadas de lado.

Una de las enfermedades más preocupantes de nuestras instituciones es su desmesurada politización, batallones de cargos públicos deben su puesto a sus relaciones políticas y personales. Estos cargos públicos elegidos a dedo arramblan en las administraciones locales, provinciales, autonómicas y estatales, desde el Tribunal Constitucional hasta la planta noble de un modesto ayuntamiento, pasando por las cajas de ahorro y por cualquier organismo público o semipúblico. El clientelismo corre como la pólvora en los países del arco mediterráneo –incluida Francia- pero también en una democracia alpina como es Austria.

La política y la burocracia, como ya afirmara Max Weber a principios del siglo pasado, deben estar separadas radicalmente. Para Weber, el político es una persona de partido que encarna el liderazgo personal, y que defiende en la medida de su creatividad una causa grupal y partidista. Por el contrario, el burócrata tiene la única responsabilidad de ejecutar las órdenes que recibe de forma satisfactoria, subordinado por las vicisitudes políticas como razón de ser de su oficio. De esta forma, la posición de neutralidad del burócrata le permite cumplir con sus tareas con eficacia, ya que está despojado de favores y deudas personales.

La politización de las administraciones genera varias perversidades. En primer lugar, un primer problema no es solo que las personas nombradas sean menos capaces –que posiblemente lo sean- que los funcionarios de carrera, sino que la designación por un periodo electoral (algún día las urnas te van a echar) no genera los incentivos para esforzarse en obtener los conocimientos necesarios para el desempeño del trabajo que se le ha consignado. Y los funcionarios que están más abajo en la jerarquía, carecen de incentivos para dar lo mejor de sí mismos y avanzar en la organización. Este sistema desalienta a toda la tropa, los distintos cuadros de la jerarquía se desconfían y florecen las relaciones personales y políticas perversas entre los tripulantes de la nave.

Otra de las perversidades son las que se producen dentro de los partidos políticos. Cuando un político medio que acaba de ganar una alcaldía, o alguien con suerte (o con contactos) que le han llamado para presidir un organismo público, lo primero que tiene que hacer es empezar a rellenar puestos de libre designación. Y estará en la decisión de colocar a lo más capaces (que le harán sombra); o elegir entre todos aquellos que le auparon a secretario general, aquellos que han estado orbitando a su alrededor durante años para intentar atraer su atención y que posiblemente el sustento económico de muchos de ellos dependa de unos de esos puestos que el político tiene que rellenar. La opción más común en España es indudablemente la segunda.

Las conclusiones son que hay que despolitizar y profesionalizar intensamente las administraciones. Los burócratas deben llegar más alto en la jerarquía, pero también hay que controlar más exhaustivamente su trabajo y cambiar radicalmente el método de selección de éstos. Hay que atribuir más poderes a los funcionarios de carrera pero al mismo tiempo pedirles rendición de cuentas continuamente y flexibilizar su estatuto como empleado público.

La propuesta para la semana que viene, la más demandada  y a mi parecer la más insustancial a efectos prácticos, tendrá relación con el sistema electoral.

Carta

Hay esperanza: sobre los chicos de la SICE

La semana pasada he participado en la V Simulación al Congreso Español que organizan mis compañeros de clase desde hace cinco años en Sevilla. Como su nombre indica, es una simulación en la que se supone un parlamento con 6 grupos parlamentarios que recogen todas las sensibilidades de la política de España. Dicho parlamento está dividido de forma que dé lugar al juego político y propicie la negociación y los acuerdos, por ejemplo, el partido mayoritario  tiene una representación mucho menor que el PP en la realidad y los minoritarios bastante más que IU o UPYD. Normalmente se debatían 4 leyes pero este año nos hemos embarcado en una reforma de la Constitución, y sorprendentemente nos hemos quedado con la del 78, pero eso es otro tema.

El propósito de este post no es otro sino dar cuenta de lo que he observado en los participantes. El perfil medio del participante es un estudiante universitario de Políticas (y en menor medida de Económicas o Derecho), de 20 años, militante de una formación juvenil de algún partido (con una buena representación de Juventudes Socialistas) y varón. Pero sobre todo muy implicados, la gran mayoría proviene de fuera de Andalucía, y formados. Me hubiera gustado haber pasado un cuestionario sobre cuestiones básicas de cultura general y algo más expertas sobre teoría política, política exterior y economía, pero no ha hecho falta. El nivel es muy bueno y por lo tanto hay esperanza. Por otra parte, y es donde estos chicos destacan más es en oratoria. De los 97 participantes podría sacar 50 oradores con un nivel mucho más alto al de todos los ministros en esta faceta. En serio, cualquier elogio hacia ellos se queda corto.

Sin embargo, hablando un poco más con ellos entre negociaciones y cafés me llevo una pequeña decepción que no lo es tanto porque refuta en cierta medida mi teoría sobre la selección negativa de los partidos políticos según la cual se premia a la fidelidad y no al talento. Lo que provoca este punto de inflexión es cuando me doy cuenta que gran parte de ellos son muy críticos con sus organizaciones y sobre todo con la cúpula de sus partidos y en muchos casos pertenecen al sector crítico de sus organizaciones. Como ya hemos explicado y es compartido por muchos analistas en la red, los partidos políticos tienen un problema de selección de élites. Los vínculos y la lealtad juegan una baza muy importante a la hora de escalar en la oligarquía jerárquica de los partidos, por contra el talento, la creatividad – más propicia entre los militantes bien formados – y la diferencia de opiniones es castigada severamente. Todo esto da como resultado a una Secretaria de Organización que no ha terminado sus estudios y que mete la pata constantemente (Elena Valenciano).

Esto lleva a plantearnos qué ocurre en España que provoca que los más capacitados no lleguen a los telediarios. Y sobre todo, hay que reafirmar que no es ni en la bajada de sueldo de los políticos ni en la reforma del sistema electoral donde está la solución al problema. Sino en la democratización y regeneración de los partidos políticos, apuntando a la rendición de cuentas hacia todos los miembros y no hacia quién confecciona la lista y nombra los cargos orgánicos.

Hay esperanza 

En definitiva, podemos decir que hay esperanza. A pesar de lo que pensaba, los partidos españoles tienen buena materia prima, pero no está valorada y eso se traslada a toda la sociedad en general.

Los sectores críticos y los jóvenes formados, en la era de Internet, tienen la oportunidad de organizarse  mejor e imponerse a los cuadros conservadores que mediante el clientelismo y la compra de favores están apoltronados en su puesto.

Buscando un modelo de gestión sanitaria

Desde la llegada de la crisis económica, con su consiguiente problema de deuda y déficit público, son muchos los actores que plantean una reformulación en los planteamientos de la sanidad pública. Así, son muchas las voces que en nombre de la Nueva Gestión Pública, se han dirigido hacia la reforma de la gestión de los hospitales hacia un modelo que podríamos calificar como “menos público” ya que no cumple los requisitos para calificarla como privada. La crisis no ha hecho sino acelerar un comportamiento que ya llevaba instalado mucho tiempo en el imaginario gubernamental y que se apoya en un contexto autorizante (aunque intuitivamente carente de legitimidad social) que prima el ahorro y la estabilidad presupuestaria.

Sin embargo, el debate se ha convertido en una batalla ideológica centrada entre los que defiende el status quo actual o los que defiende un adelgazamiento a ultranza del Estado, ignorando per se la interminable escala de grises entre esos dos planteamientos y con una escasa aportación empírica que permita dilucidar la mejor opción entre todas las posibles. Por tanto, la falta de transparencia y de datos provoca un debate irremediablemente estéril y excesivamente ideológico. Hace falta más polilty y menos politics.

Dos son los elementos que vertebran este debate: sanidad de los ciudadanos y costes de mantener el sistema de sanidad. Mientras que la multiplicidad de factores que se podrían esgrimir como la renta, el clima, los hábitos y el entorno institucional son olvidados.

Uno de los principales argumentos a favor del status quo actual es que nuestro gasto sanitario ajustado por la renta es inferior a la media de los países europeos. Esto podría ser cierto si lo comparamos con países que organizan su sanidad de forma diferente (modelo Seguridad Social en Francia o Alemania); pero no lo es tanto si lo comparamos con países que aplican modelos parecidos a nuestro Sistema Nacional de Salud (Suecia, Reino Unido o Italia). Resumiendo, podríamos decir que gastamos aproximadamente lo mismo que aquellos países que organizan su sanidad de un modo parecido al nuestro. Por otra parte, a pesar de la excelencia reconocida internacionalmente de nuestros profesionales de la salud, desde hace ya muchos años se están produciendo ciertas tensiones que en algunos casos superan el ámbito nacional (déficit de médicos, números clausus, plazas MIR, clima laboral, etc.).

too big to fail

El modelo de partenariado público-privado que se propone desde Madrid conllevaría unos costes de transacción ya de por sí muy elevados. Pero supongamos que dicha experiencia no cumple los requisitos fijados , peor aún, la empresa concesionaria quiebra por el motivo que sea o simplemente entra un gobierno distinto que decide dar marcha atrás. Irremediablemente el sector público tendría que rescatar dicho hospital ya que los hospitales son una suerte de cuasi-monopolios entre su población de referencia y dada la naturaleza del servicio que prestan una posible quiebra debería ser solventada por las administraciones públicas. Entonces, los costes de volver de nuevo hacia atrás se multiplican. En España ya se ha vivido esta situación con el caso Alcira, un hospital de la Comunidad Valenciana traspasado a la empresa concesionaria Ribera Salud en 1999 y rescatado por la Generalitat en 2003. Otro de los problemas que plantea esta situación sería el riesgo moral: si una empresa y sus trabajadores saben que existe la posibilidad de ser rescatadas no disponen de los incentivos suficientes para una gestión de forma eficiente, lo que contradice los mismos principios de privatización.

Es necesario un debate más transparente y profesional que elimine las barreras informativas, estableciendo objetivos y prioridades sobre el modelo de gestión sanitaria más óptimo para cada caso local. La propuesta madrileña incluye 6 hospitales, como un primer paso, y tras un debate intenso y basado en comparaciones se propone dar salida a la externalización de uno solo de los hospitales. Mediante una evaluación a medio plazo (cinco o seis años) y con un control exhaustivo de calidad de los servicios prestados, se podrá dilucidar cuáles son los errores y virtudes de los planteamientos del gobierno de la Comunidad de Madrid. De esta manera, se podrá indicar cuál debe ser la dirección que debe tomar la gestión de la sanidad en Madrid. Por ende, esta forma de evaluar y probar puede ser extendida a las políticas públicas en materia de sanidad de las demás comunidades autónomas y a las demás  necesarias de reformas, entre ellas la política universitaria.

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Sobre las secciones juveniles de los partidos políticos

En este post soltaré una serie de reflexiones que si bien están muy maduradas, desgraciadamente no pueden tener mucho sustento teórico debido a que no tengo conocimientos de estudios al respecto. Así, todo proviene de las vivencias y de lo que he visto a mi alrededor desde hace ya varios años. Escribo este post porque ha salido a la primera línea de debate el papel que deben jugar los jóvenes en la vida política y el rol que deben jugar las diferentes secciones juveniles de los partidos políticos, todo a raíz de las declaraciones de Ana Botella en las que castizamente dice que “eliminaría las nuevas generaciones de los partidos” cuando le preguntaban por estas otras declaraciones de Esperanza Aguirre en las que espeta a los jóvenes a formarse y trabajar antes de meterse en política.

Las formaciones juveniles suelen idealizarse como un mundillo en el que empezar a entrenarse políticamente, en el que se adquirirán y madurarán los valores de la organización motriz, y en los que se harán afectuosas amistades que se compartirán a lo largo de la vida política. Por ejemplo, si entramos en la página de las JSE, leeremos:

Creemos firmemente en la necesidad de la participación de los y las jóvenes, y que a través de esta participación se pueden cambiar a mejor la vida de los ciudadanos y ciudadanas. Pensamos que la sociedad no puede permitirse el lujo de prescindir de la contribución de la que es, sin lugar a dudas, la generación mejor preparada y formada de la historia de España. Por ello queremos convertir esta página web en un instrumento para animar a los y las jóvenes a contribuir a la mejora de nuestra sociedad.

Y si entramos en la web de las Nuevas Generaciones encontramos sus fines:

  • Incorporar plenamente a los jóvenes al servicio de una sociedad democrática dentro del Ordenamiento Constitucional.
  • Promover la participación de los jóvenes en las tareas del Partido Popular y en las instituciones representativas.
  • Formular programas de actuación y de asistencia específica al servicio de la juventud, para que sean asumidos y defendidos por el Partido Popular.
  • Difundir y defender el proyecto político que representa el Partido Popular entre los jóvenes.
  • Mediante un programa de formación continua, proveer la incorporación al Partido Popular de nuevos cuadros que provengan de Nuevas Generaciones.

Como vemos todo parece muy bonito, supuestamente los jóvenes con inquietudes políticas y con ganas de luchar por los derechos de los jóvenes, eligen una formación juvenil de acuerdo con sus preferencias políticas para trabajar por el bien del conjunto de la sociedad. Sin embargo, lo que he podido ver y vivir (estuve militando en las JSA durante cuatro años) es algo muy distinto. Bajo mi punto de vista, las canteras de los partidos es un campo de entrenamiento en el que se entrenan los futuros políticos teniendo que sortear los mismo vicios y vicisitudes de su formación matriz, todo encuadrado en una organización oligárquica y estúpidamente jerárquica.

Al mismo tiempo, a los partidos les viene bien mantener estas estructuras para los jóvenes ya que gracias a ellos pueden movilizar a muchas personas y hacer mucho ruido, hacen el trabajo de campo (entrega de panfletos y pegada de carteles), a través de ellos comunican determinadas cuestiones que no estaría bien visto que la formación madura lo hiciera, y lo que es más importante, es un método de socialización y formación del electorado. Así pues, y siguiendo en el terreno de la intuición, creo que es fácil dilucidar que los beneficios que reciben los partidos de sus formaciones juveniles es mucho mayor de lo que sus jóvenes puedan ganar, y que la supuesta autonomía de estas está muy coartada ya que sus acciones están dirigidas.

Siguiendo con la argumentación es necesario hacerse la siguiente pregunta: ¿a quién se premia, a los capaces o a los fieles?. Cualquiera que haya sido un poco observador y haya estado cerca de “jóvenes políticos” sabrá que hay un sesgo exagerado hacia los segundos, de hecho estoy en condiciones de asegurar que los partidos políticos es una máquina trituradora de cerebros. Una persona formada y capaz, no tiene que aguantar los comportamientos oligárquicos y clientelistas de una formación política (joven o no), ni siquiera con la débil promesa de un futuro puesto relativamente mal pagado para él. Por tanto, sigo con la misma idea que ya he repetido en varias ocasiones, los partidos políticos tienen un serio problema de selección de élites, y las formaciones políticas juveniles no ayudan en nada a solucionar esto.

Otro vicio que genera la rigidez del entrenamiento en las diferentes juventudes es la disciplina de partido. Este es otro comportamiento poco saludable que he podido observar,  la “lavadura de cerebro” a la que son sometidos los jóvenes desde que cruzan la puerta de una sede es, salvo notables excepciones (otro ejemplo de excepción), deprimente. Precisamente durante el proceso de formación política en el que debería primarse la creatividad, el debate y la generación de ideas se anula para “seguir siendo fiel a la fidelidad”.

Regeneración de los partidos políticos

En la revista Vía Marciala del mes de diciembre me han publicado la segunda colaboración de una serie de cuatro. En esta ocasión defiendo la necesaria regeneración de los partidos políticos, apostando por la democracia y la competitividad. Sin más, os transcribo el artículo.

 

El pasado mes abría el primero de cuatro artículos en los que se proponen cuatro reformas para elevar la calidad de nuestros dirigentes. Empezamos defendiendo el aumento y la racionalización del sueldo de nuestros políticos, en esta ocasión propondremos que se regule la democracia y la competitividad de los partidos políticos.

Como escribí el mes pasado, no hay soluciones mágicas que subsane la enfermedad que recorre todos nuestros órganos políticos pero con un poco de análisis y de brío a la hora de tomar las decisiones todo puede ser manifiestamente mejorable.

Mientras otros países de nuestro entorno van avanzando en la democracia de los partidos políticos, en España no somos capaces de superar el dedazo o el quítate tú que me pongo yo. Los partidos políticos son las instituciones primarias de cualquier sistema democrático competitivo, y como tal, deben ser los primeros en dar ejemplo y ser la vanguardia de la democracia. La mala praxis de estas instituciones se ha trasladado a muchos más órganos democráticos (CGPJ, Banco de España, Tribunal de Cuentas, algunos altos cuerpos de la Administración, etc). Sin embargo, tenemos instituciones cerradas y opacas donde la selección negativa de los dirigentes es la norma, se desprecia el talento y se premia a los perros falderos. Además, especialmente en España tenemos un problema grave de cuadros jóvenes (en algunos partidos más que en otros) por lo que la regeneración es más difícil si cabe.

La experiencia que se recoge en las democracias punteras es que es muy necesaria una legislación rígida que regule el funcionamiento interno de los partidos y acercar su democracia a la ciudadanía para que el centro de gravedad de nuestro Estado deje de ser las cúpulas de los principales partidos. Como modelos a seguir podemos nombrar el de Estados Unidos, donde las primarias de los partidos están abiertas a todos los ciudadanos, con lo que el valor de un carné es muy relativo. Mencionamos también a Gran Bretaña donde la celebración de una conferencia al menos una vez al año es obligatoria. Y sobre todo Alemania cuya ley de partidos obliga a que los partidos políticos celebre congresos cada dos años, la financiación de los partidos es muy minuciosa y es controlada mediante auditorías externas, los candidatos y los cargos internos tienen que ser elegidos por elecciones primarias abiertas a todos los afiliados, el voto es secreto y es a personas y no a listas cerradas. Todo esto provoca que las tesis impuestas por las cúpulas no triunfen si no cuenta con el apoyo del resto de la organización pudiendo triunfar una propuesta crítica o alternativa. Y lo que no es menos importante, los políticos y dirigentes tienen que rendir cuentas ante su organización y reprobar su cargo cada cierto tiempo.

Lo bueno de estos sistemas más abiertos es que los miembros de los partidos que se postulan para cualquier puesto tienen que rendir más hacia todos los miembros y no hacia la persona que confecciona la lista, tienen que diseñar un discurso y conectar con la gente. Y sobre todo, tienen que creer más en la democracia.